lunes, 20 de mayo de 2013

Anclado en el Pasado

La adaptación de Baz Luhrmann de El Gran Gatsby traslada a la gran pantalla, pienso que de manera premeditada, la misma falsedad y superficialidad del personaje de F. Scott Fitzerald. El rico y poderoso Gatsby es un hombre que se mueve entre humo y espejos y el espectador queda deslumbrado ante el despliegue visual del director casi sin capacidad para asimilar la triste historia de amor imposible que se encierra entre sus bellos planos llenos de lujo y glamour.


Baz Luhrmann ha dirigido cinco películas en veinte años. Así que cuando rueda un nuevo largometraje se preocupa muy mucho de que luzca bien. El Gran Gatsby es un espectáculo audiovisual de primer nivel, una fiesta para los ojos. Y si nos quedamos meramente en la superficie, también un engaño colosal a la altura del propio personaje interpretado por Leonardo DiCaprio. Todo en esta película te grita "estilo", "lujo", "fiesta", "espectáculo". Pero si escarbas en esa superficie pronto se revela que es un estilo de cara a la galería, un lujo mediante el exceso, una fiesta para ocultar tristezas y un espectáculo que enmascara la dura realidad de los personajes.

Gatsby quiere a Daisy, pero ella se casó con otro hombre, quizá cansada de esperarle, quizá no confiando en que alguien de tan humilde origen pudiera estar a su altura social. Daisy quiere a Gatsby, pero tras cinco años casada ha rehecho su vida con otro hombre. Imperfecto, pero presente y real. Gatsby añora el pasado, quiere repetirlo, quiere vivir en una burbuja siempre perfecta, siempre inmutable. Daisy desea alejarse de los recuerdos de un matrimonio que no funciona y conocer de verdad al hombre que la enamoró tantos años atrás.

Gatsby logra cambiarlo todo en su vida menos lo más importante: Él mismo. En el fondo sigue viviendo de una vana esperanza.

La historia de Fitzerald es un crudo retrato de las inevitabilidades de la vida. De lo fútil del sueño por el sueño, de la locura de no avanzar en la vida, de la necesidad de vivir con las decisiones que se han tomado. El enfoque de la película es, en ese sentido, terriblemente directo y abrumadoramente honesto. Su escapismo narrativo y visual es tan evidente que al espectador le cuesta aceptar lo que está viendo. ¿De verdad lo que me están mostrando es todo lo que hay? Evidentemente, no. Esta película es El Gran Gatsby rodada por el Gran Gatsby. Porque la historia es sencilla, sí; pero no irrelevante. Los personajes son fácilmente catalogables, poseen flaquezas evidentes, podrían parecer planos, pero es que son sus anhelos y sentimientos lo que aquí debe importarnos. Lo que no se ve. Por eso la trama se desarrolla poco a poco, primero con la calma y reparos de la incertidumbre por recuperar el amor perdido y luego con la furia del sueño roto. La calma exterior que precede a la tormenta interior.

Podríamos hablar de cómo no hay nadie en Hollywood que ruede fiestas como Luhrmann. Podríamos hablar de su capacidad extraordinaria para insertar música extemporánea en cualquier escena. Podríamos hablar de unos actores que dan la cara aunque cierto es que nunca brillan con intensidad. Podríamos hablar del CGI de Nueva York, de los vehículos hechos por ordenador o de... Pero sería caer en la trampa de Gatsby. Sería caer en la trampa de Luhrmann.

Estos cuatro personajes van a experimentar, entre el lujo y la apariencia, los sinsabores de la vida.

Sí, El Gran Gatsby es esplendorosa, colorista, bella, teatral y excesiva. Pero no hace más que acompañar al titular de la obra en un viaje para intentar engañar a todo el mundo con su flamante apariencia. No os dejéis engañar. Luhrmann quiere engatusaros. Quiere cegaros con la luz del espectáculo para que paséis por alto la verdadera historia de la película. El relato de un hombre que aspiraba a una grandeza, felicidad y amor tan perfectos que nunca pudo encajar las adversidades de una vida que no puede vivirse de cara a la galería.

Los que conozcan el cine de Luhrman reconocerán al instante algunas de sus señas de identidad. Diseño, belleza plástica...

Indicaciones: Para quienes buscan espectáculo audiovisual. Para quienes sean capaces de ver más allá de lo evidente de lo que se les cuenta. Estilo y buen hacer cinematográfico.

Contraindicaciones: En cuanto a trama, es una película sencilla y sin demasiadas sorpresas. Los actores cumplen, pero no deslumbran. El final... quizá no sea plato de gusto para todos.

Interacciones: Estéticamente solo puedes encontrar algo parecido en otras pelis de Luhrmann y en videoclips. Los locos años 20.  Esa moda donde todos los hombres parecen caballeros y todas las mujeres señoritas.

Efectos secundarios: Si la fiesta no la monta Luhrmann, no es lo mismo. Cualquier música sirve para cualquier época, solo hay que saber dar con la adecuada. Darte de bruces con la puta realidad.

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